jueves, enero 15, 2015

Murciélago en la Botica

No, esto no es un cuento sobre un murciélago que se coló en una botica. Esta es una historia sobre como mi abuelo, médico naturista y propietario de una botica a principios del siglo pasado en el pueblo de Colón, provincia de Matanzas en Cuba, lograba llevar su negocio famacéutico mientras cumplía su deber de hacer la caridad y ayudar al prójimo, como cristiano y espiritista kardeciano que era.

Siendo la botica de mi abuelo una pequeña farmacia en un pueblo pequeño, esta era visitada por personas de muy diferentes orígenes sociales; desde humildes campesinos de la zona, hasta algunos acaudalados comerciantes citadinos. Y si bien las medicinas y los servicios que se ofrecían en la botica tenían un precio justo y necesario para poder cubrir los gastos y mantener el negocio, a veces sucedía que para algunos de los más necesitados pacientes el precio regular de las medicinas resultaba elevado y hasta inaccesible quizás. Por otra parte también existían personas que aunque perfectamente podían pagar el precio regular de las medicinas, de todas formas les gustaba regatear, casi que por diversión. Mi abuelo lo sabía y se daba cuenta de la diferencia. Él solía decir que en los negocios algunas veces se gana y otras se pierde. Pero de todas formas necesitaba un método rápido y fácil para recordar el costo mínimo de las decenas de mercancías que habían en la botica y poder saber hasta dónde podía bajar el precio cuando los clientes regateaban, o cuando él decidía fiarle a alguien, o darle alguna medicina gratuitamente. Es decir, para al menos poder conocer el costo financiero de hacer la caridad.

Otra de las características de las boticas cubanas de aquellos tiempos eran sus altos armarios donde las medicinas y los ingredientes se guardaban en frascos de porcelana elegantemente diseñados, muchos de ellos importados de Francia.


Frascos de porcelana típicos de las boticas de la época

Es aquí donde entra el murciélago. Pero no el mamífero volador, sino el recurso nemotécnico basado en su nombre. La palabra MURCIELAGO es una de las pocas palabras del idioma castellano que consiste en diez letras diferentes, incluyendo las cinco vocales, por lo cual se puede utilizar como un simple código alfabético para representar dígitos numéricos. Es decir que la M representaría el número 1, la U el 2, la R el 3, etc. hasta la O que muy convenientemente representa el cero.

Mi abuelo utilizaba este simple código para escribir el costo en la base de cada frasco. Para leerlo bastaba con inclinar un poco el frasco y ver su base. Y si por casualidad alguién más lo veía, pués dificilmente tendría idea qué significaban esas letras. Así por ejemplo, si en la base del frasco se leía RIO, eso significaba que el costo de la mercancía era 3.50, o si se leía MAR entonces era 1.83, etc. Sencillo ¿no?
 

En estos tiempos de computadoras y códigos de barra en todos los productos que existen en el mercado, por supuesto que ya no hacen falta tales recursos nemotécnicos. Aun así esta historia ha quedado conmigo como recuerdo de aquellos tiempos. Y me pregunto cuántas otras palabras con diez letras diferentes existen en nuestro idioma. ¿Alguien sabe?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.